EN UNA CRUZ. Deseos de Eternidad.
"Jesús
murió porque nosotros matamos
y porque
nosotros morimos"
(GONZÁLEZ FAUS)
En aquel tiempo cuando Roma saboreaba el triunfo
y los emperadores jugaban a la guerra,
no muy lejos de las raíces,
allí donde las ilusiones se convirtieron en
profecías,
allí donde los sueños se hicieron palabras eternas,
vino un labriego a la plaza, a la aldea, a la
pradera,
-¡qué más da eso!-,
y habló de esperanza a los desheredados del tiempo.
¡Sí, era plena tarde cuando lo crucificaron fuera,
fuera de la ciudad, fuera de los justos,
fuera de los buenos, fuera del templo!
En aquel tiempo cuando los hombres miraban al cielo
y buscaban en las estrellas sus propios pasos,
no muy lejos de las supersticiones,
allí donde la injusticia se vestía de
justificaciones,
allí donde los golpes eran la moneda del más fuerte,
vino el Nazareno a la casa, a la orilla, a las
tabernas,
-¡qué más da eso!-,
y habló de amor a los que acurrucaban odios en su pecho.
¡Sí, era plena tarde cuando lo crucificaron lejos,
lejos de los hombres, lejos de los corazones,
lejos de los amigos, lejos de lo eterno!
En aquel tiempo cuando los religiosos buscaban
distancias
y querían cortinas entre Dios y los hombres,
no muy lejos de los pueblos,
allí donde Dios tenía un trono muy ajustado en el
cielo,
allí donde Dios castigaba la ignorancia de los
pequeños,
vino el profeta amigo de los campos, a la playa, al
desierto,
-¡qué más da eso!-,
y dejó la ilusión del Padre eterno a los pueblos.
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